La contaminación, enemiga invisible del aprendizaje


 

El fracaso escolar no está motivado únicamente por factores sociales como familias sin padre o madre, necesidades básicas insatisfechas o enfermedades hereditarias. En las últimas dos décadas, los especialistas reconocieron otro enemigo invisible, el ambiente insalubre. Estudios recientes muestran que cuanto mayor es la contaminación de una población, más elevados son los índices de abandono, repitencia y sobreedad.

El pediatra social Norberto Liwski, presidente del Comité para la Defensa de la Salud, la Ética Profesional y los Derechos Humanos (CODESEDH), confirmó a este cronista que “la ausencia o insuficiencia de saneamiento ambiental básico genera, sobre todo en los grandes centros de concentración urbana, condiciones de vida que para los niños implican una afectación al desarrollo integral”. En tal sentido, aclaró que, de acuerdo con investigaciones recientes, el daño se extiende a la educación: “En las zonas de mayor amenaza de contaminación, los índices de fracaso escolar son superiores a las zonas no contaminadas”.

De acuerdo con estadísticas publicadas por UNICEF hace 12 años, un 18,9% de los alumnos argentinos abandona la escuela, aunque ese registro trepa al 21,5 en algunas provincias del Norte. La repitencia, en tanto, es del 6,5% promedio en la primaria, pero alcanza un 11,5 en el Noreste. La tasa de sobreedad promedio llega al 35,9 %. Teniendo en cuenta que la población de 0 a 17 años es de 12 millones según el Censo 2001, hay unos 4 millones de niños y adolescentes con dificultades de aprendizaje.

La ex titular del área de Medio Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Defensoría del Pueblo de la Nación, Cristina Maiztegui, puntualizó una de las causas de la disparidad: “El 52 % de los niños argentinos vive en zonas de riesgo ambiental, mayoritariamente en el Norte y en el Conurbano bonaerense”. Estar en riesgo ambiental significa tener un alto índice de vulnerabilidad social y, además, carecer de saneamiento básico o sufrir la contaminación industrial o agropecuaria.

Consultado sobre la vinculación entre el aprendizaje y la falta de saneamiento, Liwski precisó que “es una relación que hay que asignarle una importancia especial, con un circuito en donde el centro de atención está puesto en la salud, pero el niño va a ir perdiendo su proceso de desarrollo en la escolaridad” y apuntó a las napas de agua contaminadas con agroquímicos: “Cuando hablamos de poblaciones circundantes a grande extensiones de cultivos con uso de agrotóxicos indiscriminado, vuelven a aparecer junto a índices de salud medibles por su patología, el factor educativo, la sobreedad, la repitencia, el fracaso escolar”. 

Al respecto, el pediatra dijo que uno de los problemas más estudiados se halla alrededor de los ingenios del norte argentino, donde un gran porcentaje de niños tiene bagazosis, una enfermedad que se origina en el mal tratamiento del bagazo de caña de azúcar y que afecta los bronquios: “Los docentes con lo cuales interactuamos en un programa de investigación señalan la recurrencia de la enfermedad respiratoria, independientemente que sea aislada o no la bacteria que produce la bagazosis… Cualquier chico con reiterados procesos de alteración respiratoria, comienza a tener una discontinuidad en su vinculación con al escuela”.

Otro enemigo de la escolarización es el alto nivel de plomo en la sangre. Un estudio de la Defensoría del Pueblo en la localidad de Villa Inflamable, en el polo petroquímico de Avellaneda, comprobó que un 50% de los chicos entre 7 y 11 años tenía plumbosis. “El efecto es muy serio en la calidad del torrente sanguíneo, tiene efectos de sedimentación sobre niveles neurológicos y por lo tanto lesiones crónicas… El metal se acumula en los huesos lentamente, impidiendo el crecimiento y deteriorando el cerebro de los niños”, explicó Liwski. En este caso, no se trata  sólo de fracaso escolar, sino de una reducción sensible en la expectativa de vida de los chicos.

TESTIMONIO 1: Norberto Liwski, pediatra social.

“El clima contaminante es un tema que genera una particular conducta en los niños, que no es la de la actividad psicomotriz, no es la de la capacidad creativa, no es la del desarrollo de la vida deportiva. Esto es independiente de los niveles sociales, tienen que ver con el desarrollo psicomotriz y, por lo tanto, tendrá que ver con el desarrollo cognitivo… La contaminación es un factor que hay que incluir dentro de la categoría de amenaza o peligro al ejercicio del derecho del niño a la salud y a la educación”.

TESTIMONIO 2 Cristina Maiztegui, especialista en derecho y gestión ambiental.

“Los niños están mucho más desprotegidos ante factores ambientales que los adultos desde el punto de vista biológico, porque tienen funciones en desarrollo, y desde el punto de vista psicológico, porque los estamos condicionando a vivir en un medioambiente que no es sano cuando la Constitución Nacional les da ese derecho”.


Foto: La Gaceta de Tucumán