Vendrá la muerte y tendrá tus ojos
Santo Stefano Belbo, nacido en Cuneo, Italia, el 9 de septiembre de 1908, fue unos de los poetas, críticos, traductores, editores y narradores más importantes del siglo XX, bajo el nombre de Cesare Pavese.
El primer trabajo que encaró, tras sus estudios de filología, fue traducir a los escritores norteamericanos del principio de siglo: Sherwood Anderson, Gertrude Stein, John Steinbeck y Ernest Hemingway, entre otros. Más tarde, se unió con Giulio Einaudi y Leone Ginzburg y fundó en 1933, la editorial “Einaudi”, en la que permaneció hasta su suicidio el 26 de agosto de 1950, con apenas 42 años.
Sus artículos contra el fascismo lo llevaron en 1935 a la cárcel, donde comenzó a escribir sus libros, marcados por un malestar existencial y un apego a la amistad.
En 1949, recibió un premio literario por su novela “El bello verano”, tras lo cual decidió su suicidio, según se desprende de su diario publicado como “El oficio de vivir”. Además, publicó relatos de gran belleza como “La luna y las fogatas” (1950), los poemas de “Trabajar cansa” (1936), “La casa en la colina” (1948) y “Feria de agosto” (1941), entre otros.
Su trágica vida quedó marcada por dos hechos. Mientras estaba en la cárcel, su amigo Ginzburg fue asesinado por los alemanes y la mujer a la que amaba, Constance Dowling, se casó con otro hombre. A ella le dedicará sus últimos poemas de “Vendrá la muerte y tendrá tus ojos”. Una sensación de fracaso total en la vida lo acompañará hasta su final, en una habitación de hotel de Turín.
Vendrá la muerte y tendrá tus ojos
—esta muerte que nos acompaña
de la mañana a la noche, insomne,
sorda, como un viejo remordimiento
o.un vicio absurdo. Tus ojos
serán una palabra hueca,
un grito ahogado, un silencio.
Así los ves cada mañana
cuando a solas te inclinas
hacia el espejo. Oh querida esperanza,
ese día también sabremos
que eres la vida y la nada.
Para todos tiene la muerte una mirada.
Vendrá la muerte y tendrá tus ojos.
Será como dejar un vicio,
como mirar en el espejo
asomarse un rostro muerto,
como escuchar un labio cerrado.
Nos hundiremos en el remolino, mudos.
