Cien años de originalidad
Jorge Amado, el escritor más famoso de Bahía y uno de los más talentosos de Brasil en el siglo pasado, fue el creador de una literatura exótica, original y sensual que cautivó -y todavía cautiva- a millones de lectores en todo el mundo. Como bien lo resaltó el escritor Mempo Giardinelli, su narrativa parece ser a primera vista “macondiana”, aunque fue realizada cuando Gabriel García Márquez se iniciaba en el periodismo y no existía ni el bosquejo de esa ciudad mítica.
Recostado en un costumbrismo bien del norte brasileño, Amado retrataba mujeres y hombres extravagantes que, sospechosamente, tenían particularidades de algunos de sus amigos y conocidos. Un modo cariñoso de homenaje.
“La jocundia que impera en sus páginas, y el permanente tono entre irónico y naturalista, hicieron de las narraciones de Amado ―contadas todas con inusual gracia y picardía― un suave y moroso placer, característica que luego sería sello de identidad del ‘boom’ de la literatura latinoamericana de los años ‘60, movimiento del que no fue, pero debió ser, considerado uno de sus padres fundadores”, escribió con acierto Giardinelli en el diario “Página/12”.
Amado nació en la ciudad de Itabuna, el 10 de agosto de 1912. Su padre era el dueño de una hacienda en el litoral de Bahía, donde pasó gran parte de su infancia. Más tarde, mientras estudiaba en la ciudad de Salvador, capital de Bahía, comenzó a trabajar en periódicos y fundó la que fue llamada “Academia de los Rebeldes”.
Su primera novela, “El País del Carnaval”, fue publicada en 1931, cuando sólo tenía 18 años. A los 20, se casó con Matilde García Rosa, con quien tuvo a su hija Lila, fallecida de niña. En 1933, apareció “Cacao”, una novela que lo convirtió, extrañamente, en un clásico apenas adolescente.
Dos años después, Amado se graduó en la Facultad de Derecho de Río de Janeiro y empezó a militar en el Partido Comunista local. La intolerante dictadura brasileña lo persiguió y lo obligó a exiliarse en la Argentina y Uruguay, en la década del ’40.
No bien regresó a su país, se separó de Matilde y redobló su militancia comunista, partido por el cual fue electo miembro de la Asamblea Nacional Constituyente. Fue en ese período que escribió la ley de Libertad de Culto religioso, por la cual se dejó de perseguir a los sincretismos afroamericanos.
Su fama era entonces inmensa y volvió a casarse con la también escritora Zélia Gattai, con quien tuvo a su hijo Joao, en 1947. Ese mismo año, el PCB fue declarado “ilegal” y sus miembros apresados. Amado logró exiliarse durante tres años en Francia, al cabo de los cuales se mudó a Checoslovaquia, donde nació su hija Paloma.
Tras una amnistía, Amado regresó a Brasil y se dedicó sólo a la literatura. En 1961 fue electo miembro de la Academia Brasileña de Letras y recibió el título Doctor Honoris Causa en varias universidades del país vecino. Una vida agitada.
Sus libros, traducidos a 49 idiomas y publicados en más de 60 países, fueron adaptados al teatro, el cine y la televisión. Antes de fallecer, el 6 de agosto de 2001, se dio el gusto de inaugurar, en Salvador de Bahía, la Fundación Casa de Jorge Amado, que preserva sus escritos y su biblioteca para investigadores. También realiza actividades de desarrollo cultural para el Estado.
En su larga carrera literaria, recibió los premios “Stalin de Paz”, en 1951; el “Jabuti”, en 1959; el francés “Latinidad”, en 1971; el “Pablo Neruda”, en 1989; y el “Luís de Camoes”, en 1995, entre otros.
Sus novelas más celebradas fueron “El país del Carnaval”, “Capitanes de la arena”, que trata el tema de los niños abandonados y fue prohibida por la dictadura, “Tierras sin fin”, “Seara roja”, “El capitán de Ultramar”, “Doña Flor y sus dos maridos”, “Tienda de los milagros”, “Tieta de Agreste” y “De cómo los turcos descubrieron América”.
También deslumbró con los relatos reunidos en “La muerte de Quincas Berro de Agua”, “Del reciente milagro de los pájaros” o el libro para niños “La pelota y el arquero”.
No obstante esta enumeración, su mayor aporte a la literatura fue, según coinciden escritores y críticos literarios, la novela “Gabriela, clavo y canela”, que no sólo le reportó bastante dinero con sus ventas, sino también fama y prestigio. De acuerdo con estimaciones editoriales, vendió unos 80 millones de ejemplares.
La historia de esa mulata sensual no parece pasar de moda, como los clásicos rusos, porque aporta descripciones precisas, sabores, olores y personajes que hacen perdurable su geografía y las tipologías sociales.
Amado no recibió el Premio Nobel, al que fue nominado varias veces, porque era demasiado popular, tanto que es, aún hoy, el escritor brasileño más leído y traducido.
Cierta vez, dijo que “escribir es transmitir vida, emoción, lo que conozco y sí, mi experiencia y forma de ver la vida”. Tal vez por eso, elevó a la categoría de leyendas las historias de las plantaciones de Bahía.
