Ambrose Bierce, el gringo viejo
“Si oyes que fui colocado contra un muro de piedra mexicano y me fusilaron hasta convertirme en harapos, por favor, entiende que yo pienso que esa es una manera muy buena de salir de esta vida. Supera a la ancianidad, a la enfermedad, o a la caída por las escaleras de la bodega. Ser gringo en México… ¡Ah, eso sí es eutanasia!”.
Esta frase, cargada del ingenio ácido que caracterizó toda su producción literaria y periodística, pertenece al último párrafo de la última carta que envió Ambrose Bierce a un amigo de los Estados Unidos, el 26 de diciembre de 1913, mientras peleaba en el Ejército de Pancho Villa en favor de la Revolución Mexicana. Luego desapareció.
A lo largo de sus 71 años, Bierce construyó un estilo tan ameno y particular que casi un siglo después de su muerte conserva popularidad entre los lectores anglosajones. Y sus libros agotan sucesivas tiradas en Estados Unidos y Europa.
Llamado “Bitter Bierce” (El amargo Bierce) por su estilo satírico e hiriente, este periodista nacido en Ohio peleó en la Guerra Civil norteamericana como soldado y participó en la campaña de Virginia, en cuyas batallas fue ascendido a sargento y teniente por su heroicidad. Después de recibir los grados de capitán y mayor, viajó con su antiguo jefe, el general Hasan, a conocer los territorios indios.
Fue recién tras abandonar el ejército que comenzó una carrera como colaborador de diferentes medios de prensa: Sus crónicas, cuentos y poemas fueron publicados por los periódicos “The Argonaut”, “The Overland Monthly” y “The News Letter”, de San Francisco, donde fue nombrado director en 1868. El espíritu aventurero que lo embargaba desde joven lo impulsó a abandonar el cargo y viajar a Inglaterra, donde vivió entre 1872 y 1875. Tras su regreso, fue el editorialista principal del diario “San Francisco Examiner”, propiedad de William Randolph Hearst, el editor inmortalizado por Orson Welles en la película “Ciudadano Kane”.
Durante la estadía en Londres, Bierce escribió sus primeras narraciones breves, todas aparecidas en revistas y diarios, que le valieron la fama de humorista mordaz. Uno de sus libros más famosos -y que más problemas legales le acarreó- fue “Esopo enmendado”, una crítica furibunda a la corrupción de la política norteamericana en forma de fábula helénica.
La novela “El monje y la hija del verdugo”, de 1892, y el libro de versos satíricos “Las formas de la arcillas”, de 1903, lo situaron entre los grandes escritores norteamericanos del siglo XIX, en el panteón con Edgar Allan Poe, Nathaniel Hawthorne y Herman Melville. Más tarde, gracias a sus cuentos de terror, la crítica literaria europea lo colocó en el mismo nivel que Howard Phillips Lovecraft y Guy de Maupassant.
Lovecraft escribió que en los relatos de Bierce “hay una maleficencia sombría innegable y algunos siguen siendo verdaderas cumbres de la literatura fantástica estadounidense”.
Sin embargo, no todas sus narraciones son terroríficas. Muchos de sus relatos exhiben una ironía inteligente y un humor negro desopilante, como en los “Cuentos de soldados y civiles” o “El diccionario del diablo”.
La extraña muerte de Bierce es un capítulo más de su vida de aventurero. En 1913 decidió recorrer campos de batalla de la Guerra Civil para escribir un libro y ese periplo lo llevó hasta México, que estaba sumergido en una efervescencia revolucionaria.
De acuerdo con algunas crónicas de periodistas mexicanos, Bierce oteó el panorama reinante, abandonó su propósito literario y se unió al ejército irregular de Pancho Villa, junto a quien peleó en la región de Chihuahua. Un biógrafo norteamericano, que intentó develar el misterio a través de las cartas que escribía como corresponsal del diario de San Francisco, lo situó por última vez en el Sitio a Ojinaga, en enero de 1914. A partir de entonces, no se supo nada de él ni fue hallado su cuerpo. La leyenda de su desaparición física condujo al escritor mexicano Carlos Fuentes a escribir en 1985 la célebre novela “Gringo viejo”, que fue adaptada al cine cuatro años después por el argentino Luis Puenzo, con papeles protagónicos de Gregory Peck y Jane Fonda.