Maestro de grandes narradores
Pianista itinerante y extraordinario narrador, Felisberto Hernández (Montevideo 1902-1964) está considerado por la crítica como uno de los mejores escritores latinoamericanos. Sus cuentos y nouvelles, que fueron redescubiertos en los años ’70, en parte gracias a las lecturas del crítico y profesor Jorge Panessi, mantienen una tensión fantástica que hace recordar a Henri Bergson y a Franz Kafka. A la manera proustiana, el motor de su escritura es el recuerdo de gente conoció en la infancia uruguaya, aunque siempre deformado por el cristal de la literatura.
Los relatos de Felisberto se desarrollan a partir de detalles mínimos y de objetos (un vestido, una flor o una animal) que forman mundos narrativos de alta complejidad psicológica. La música, por supuesto, está presente en su temática, desde los recitales que dio en pequeños teatros de su país o de la Argentina hasta un instrumento que da vida a historias con “impronta autobiográfica”, como resaltó otro de los grandes escritores orientales, Juan Carlos Onetti, que admiraba a Felisberto.
Ese aliento narrativo se destacó casi siempre en las formas breves, que fueron traducidas al alemán, francés, inglés, italiano, griego y portugués. En ello, tuvo mucha influencia Cristina Peri Rossi, otra notable escritora uruguaya, que lo difundió en España, y Julio Cortázar, quien desde París lo consideró siempre “su maestro”.
El argentino escribió que la literatura de Hernández no era meramente fantástica, como se la calificada, porque “nadie como él para disolverla en un increíble enriquecimiento de la realidad total que no sólo contiene lo verificable sino que lo apuntala en el lomo del misterio”.
Otro de sus “alumnos devotos" fue el Premio Nobel de Literatura Gabriel García Márquez, quien resaltó que la ficción de sus cuentos “hace brotar un universo totalmente personal y que no puede ser comparado totalmente con los cuentos más urbanos”. Italo Calvino, que prologó una versión italiana de Felisberto, lo definió como “un escritor que no se parece a nadie: a ninguno de los europeos y a ninguno de los latinoamericanos, es un francotirador que desafía toda clasificación”.