Yo, robot


 

Blade Runner (1982), la película de Ridley Scott (1937) basada en una novela de Philip K. Dick (1928-1982), presentaba un mundo futurista donde robots-androides llamados replicantes eran usados para realizar trabajos peligrosos o directamente como esclavos de los seres humanos, hasta que un grupo de máquinas se rebeló y escapó del sistema. Esa ficción, ambientada en noviembre de 2019, parecía una fantasía cuando se estrenó.

Sin embargo, el avance de la ciencia y la tecnología, mucho más veloz que el de la literatura y el cine, convirtió en realidad durante la segunda década del siglo XXI uno de los postulados del filme: los robots ya reemplazaron a los operarios humanos en trabajos peligrosos y en tareas que requieren mayor precisión y celeridad. Cientos de industrias como la automotriz, la minera, la siderúrgica y la petrolera automatizaron su manufacturación, con el consiguiente aumento de la productividad y una disminución de los riesgos laborales.

Esa situación trajo aparejados varios beneficios económicos —por ejemplo, la baja de costos— pero también problemas sociales como la escasez de puestos en la industria y el aumento del desempleo en las ciudades. Las empresas sustituyeron con máquinas a los trabajadores menos cualificados y, al mismo tiempo, contrataron a ingenieros altamente calificados para programar, desarrollar y reparar a las nuevas vedettes de la producción: los mecanismos electromecánicos. Países con una tasa de envejecimiento elevada, como Japón, apostaron fuertemente a los robots para, en un futuro próximo, superar la falta de obreros y cuidar a las personas mayores, que representaban más del 20% de su población. Las industrias que, por sus características, ponían en peligro la salud de sus trabajadores, como las acerías, instalaron brazos robóticos para medir la temperatura de los materiales derretidos o para agregar elementos químicos. En los países desarrollados, la minería extractiva es realizada por máquinas que identifican con técnicas láser el metal y lo extraen, sin necesidad de picadores de piedras.

A su vez, las universidades incluyeron carreras como la Ingeniería en Automatización Industrial y en Ciencias de la Computación porque estas tienen una demanda creciente.

Este panorama se enfrenta con una legislación caduca y problemas éticos, por lo cual el Parlamento de la Unión Europea analiza desde 2019 un proyecto que regulará, de ser aprobado, la utilización de robots en vehículos y aviones sin conductor. El escritor Dick y el cineasta Scott eran, en 1982, dos autores de ciencia ficción. Habrá que ver si en un futuro las máquinas autónomas se sublevan, como en Blade Runner, para que podamos considerarlos pioneros de la tecnología.


Prólogo a Robots industriales. El Centro Espacial Kennedy

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