Nación Vacuna, la gran simulación de la carne


 

La Literatura Fantástica o Fantasy suele fabricar universos subjuntivos que enfocan su mirada hacia el pretérito pluscuamperfecto (un esquema es: Si hubiera pasado esto –y no lo que sabemos pasó–, la situación actual podría ser de tal otra forma), o hacia un futuro imperfecto (Si pasare esto –que no sabemos si habrá de pasar–, la situación habría de ser de tal forma). El diseño encauzado hacia el pasado la vincula a uno de los subgéneros más ricos y menos frecuentados: las ucronías, relatos que rectifican la Historia y exponen conjeturas sobre el funcionamiento del mundo y de la sociedad si un hecho comprobado hubiese acontecido de otro modo. Un ejemplo recomendable es la novela de Philip K. Dick El hombre en el castillo, una pesadilla lisérgica que modifica el corolario de la Segunda Guerra Mundial y la integridad de Estados Unidos.

El enorme atractivo de las ucronías radica en el hecho lúdico de la simulación: “hagamos como si fuera (aunque sepamos que no es)”. Este ejercicio de imaginación permite que narrador y lectores reconstruyan a su antojo aspectos de la realidad y del pensamiento y, así, ensanchen las posibilidades de hacer literatura.

Pese a que no estaría mal clasificarla como una ucronía –o tal vez una variante extraña de Fantasy, o acaso una distopía postapocalíptica–, la novela Nación Vacuna, de Fernanda García Lao, tiene la cualidad de desmarcarse de los géneros y transitar su propia origininalidad. En principio, porque expone una hipótesis contrafáctica muy fuerte para los argentinos: Si hubieramos ganado la Guerra por las Malvinas, la situación actual podría ser de tal forma.

Pues bien, el argumento comienza dos años después de una victoria, que, comprendemos enseguida a través de una narración fragmentada, resulta pírrica: hay una “rendición estratégica del enemigo”, en la cual esos “falsos caballeros” (tácitos británicos) arriaron sus banderas y partieron del lugar, no sin antes emponzoñar las aguas y generar una población de muertos vivos (zombis) entre las tropas nacionales que van mermando poco a poco, precisamente “en las M”.

La alienación cotidiana de la postguerra y aquel final traumático (“La maldición de las M”, de la que temen contagiarse los restantes argentinos) provocan que la población, cuya centro neurálgico se desplaza de Buenos Aires a Rawson (la ciudad de los “privilegiados”), decida “jibarizar el tema” con tanto énfasis que “nadie recuerda a qué se refiere la M, exactamente”, dice el narrador. ¿Malvinas o mierda?, nos preguntamos.

Con esta hipérbole laosiana (muy distintiva en la hacedora de Muerta de hambre y Fuera de la jaula), la novela empieza a cuestionar el relato gubernamental y se vuelve eminentemente política: las M son recuperadas y al mismo tiempo perdidas debido a la peste; los héroes de la reparación histórica son apenas los “envenenados de la M” que viven un “destierro oceánico”. En ese dialogismo toma impulso el discurso desesperanzado, lógico y “realista” del protagonista, Jacinto Cifuentes, que confronta con el discurso eminentemente ficticio, contradictorio y por momentos delirante del Estado.

En medio de las paradojas del poder, algunas de las cuales rozan el absurdo beckettiano o la paranoia orwelliana, el gobierno surgido de la “Reconquista” –una singular Junta compuesta por un ginecólogo, un ingeniero y un comisario– trama un monstruoso plan basado en otra bandera irredenta de la argentinidad: la carne, esencialmente la carne vacuna, pero también la otra carne que nos enorgullece: la de las mujeres patrias, a la manera de la película homónima de Armando Bo con Isabel Sarli. El régimen monta su programa sobre otra hipótesis imposible –y desquiciada–: ¿Qué pasaría si inmunizáramos a prostitutas con una vacuna contra la peste e hiciéramos que se apareen con los “apestados” para que nazca un bebé nacional sano nada menos que en las M? ¡La victoria definitiva sobre el enemigo! 


. Argentinidad al palo


La idea oficial desemboca en una cultura de la prostitución: las mujeres son observadas como simples objetos de deseo, “carne” de un singular proceso de clasificación de reses humanas que culminará con el envío de las seleccionadas “a las M”. Las vacas, las vacunas y el barco “Nación Vacuna”, que hará la travesía hasta las islas, forman parte de un preciso trabajo lingüístico de García Lao que denuncia violencia social sobre lo femenino, sobre el erotismo y sobre los animales con que nos alimentamos, aunque paradójicamente esa violencia quede envuelta en una prosa poética que la hace desconcertante. Una prosa New Weird, arriesgaríamos.

El intento de ensamblar prostitución y patriotismo en un programa de Estado, los cuerpos de mujeres que circulan como ganado, las cápsulas de carne (¿vacuna?, se cree; ¿humana?, se sugiere) que alimentarán a los “emponzoñados” y otras peculiaridades del texto son segmentos de un esquema narrativo que juega con dos desplazamientos primordiales en el Fantasy: de sentido (Ostranénie) y de lugar (Alotopía) y hace brotar personajes extravagantes en el intercambio de vivencias, olores y sexo (no dejen de detenerse en Erizo y sus axilas).

Otra de las características notables de la novela es que da cuenta de sí misma: genera su propia lectura y su teoría de la catástrofe conduciendo al lector con información dosificada que puede ser leída a partir del segundo capítulo: la supuesta victoria en la Guerra por las M queda encuadrada por una frase que dejan inscripta los presuntos derrotados: “Incerto exitu victoriae”, es decir “siendo dudoso el resultado de la victoria”.

No parece casual entonces que la Capital Federal quede relegada a una “zona psiquiátrica” y corrompida: “los vicios de Buenos Aires”, se explica. Tampoco que la narración substancial brote de un personaje a priori menor en el argumento: Cifuentes, hijo vegetariano de un carnicero (“Alguien tiene que compensar tanta barbarie”, recapacita); hermano zonzo de uno de los miembros de la Junta de Gobierno; amante desdichado de mujeres marginales; hijo de una psiquiatra con la que mantiene problemas de comunicación. En resumen, un típico burócrata medio idiota que rechaza el contacto social y el “Manual del buen ciudadano”; que se considera falso, insulso, inadaptado; que revela que en su tarea laboral “manipula conciencias” y que tiene una visión negativa de los proyectos, siempre en contraposición con el optimismo oficial, por lo cual se lo acusa de “no distinguir el bien del mal”.

Sin embargo, es él quien nos anticipa desde su pesimismo que “el Estado es efímero. Nace y ya está fracasando”. La sabiduría que en ocasiones exhibe (“la coherencia ha perdido sentido”) y el descubrimiento de un intrincado secreto familiar llevan a Jacinto Cifuentes a entender la simulación orquestada por su hermano poderoso y a intentar fugarse de la misión que le encomiendan. El personaje menor, que no sabe si “coger o suicidarse”, deviene en un outsider lúcido, a tal pundo que advierte que una gata era “el último vestigio de bondad que quedaba vivo”, en el mundo de las postguerra.

Estas introspecciones del personaje, que solo se resuelven en la escena final de la novela, ponen de manifiesto que la recuperación de las M y el plan gubernamental son una conjetura política –o una hipótesis imposible–, que retacea información en todo momento, que elude puntos de apoyo geotemporales (gran trabajo cronotópico) y que despliega argumentos sin diálogos directos ni demasiadas explicaciones. Nación Vacuna tiene una trama fuera de tiempo, intesamente masculina (o machista, diríamos) y, como resumen, podríamos apuntar que se desarrolla en un matadero retrofuturista, un lugar donde no existe la esperanza de mundo mejor y donde la muerte “iguala en idiotez”.

Un mundo kafkiano, como muchos suponemos será el futuro.


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Glosario

. Alotopía: La etimología de la palabra (de las voces griegas allos: otro y topos: lugar) remite a “un lugar otro”, un territorio ubicado fuera de la representación de Lo Real. En general, se caracteriza por ser lejano y extraño, por estar situado cronológicamente en el pasado o el futuro, aunque bien puede hallarse en un presente paralelo, siempre desde la perspectiva de un narrador que fue o es contemporáneo a sus lectores.

. Cronotopo: la  manera en que las narrativas trabajan con el tiempo y el espacio, dándoles valoraciones diferentes a las habituales.

. Dialogismo / dialógico: El teórico Mijaíl Bajtín afirma que en el interior de la Literatura –principalmente en la novela– los discursos son polifónicos, dialogan entre sí y ninguno de ellos predomina sobre los demás. Por eso, los llama dialógicos: están dirigidos hacia el otro y esperan respuesta del otro. Sin embargo, cuando una voz domina sobre las otras e impone su hegemonía (el narrador omnisciente de la novela decimonónica), lo denomina monológico y, por ende, autoritario. En la novela “realista” abundan los ejemplos. El dialogismo puede ser intertextual –textos que dialogan con otros textos– o intratextual: el mismo texto contiene intercambios de enunciados que exhiben conflictos ideológicos, como en este caso.

. New Weird (Nuevo raro): término acuñado por el escritor inglés M. John Harrison, es una escuela británico-norteamericana que propone un Fantasy en el que predomina Lo Extraño, aunque algunas novelas, como las de China Miéville (La ciudad y la ciudad, El mar del hierro), también rozan Lo Fantástico.

. Ucronía: es un relato que rectifica la Historia conocida y expone una conjetura de cómo hubiera sido el mundo, una sociedad o una vida particular si un hecho hubiese sucedido de otra manera.

. Ostranénie: extrañamiento, desautomatización, desfamiliarización de las palabras al cambiarlas de su contexto habitual.


Bibliografía

. Eco, Umberto. De los espejos y otros ensayos. En especial: Los mundos de la ciencia ficción. Lumen. Buenos Aires, 1988

. García Lao, Fernanda. Nación Vacuna. Emecé, Buenos Aires, 2017.

. Shklovski, Viktor. El arte como artificio. En Teoría de la literatura de los formalistas rusos. Antología de Tzvetan Todorov. Siglo XXI editores. México DF, 1987.

. Todorov, Tzvetan. Introducción a la literatura fantástica. Premia. México, 1981



© José Luis Cutello, 2021 
Foto: Emecé